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CONSTITUCIÓN
EUROPEA: LA LAICIDAD INDISPENSABLE
Unión
de ateos y agnósticos racionalistas – Federación humanista europea
La
idea de organizar un congreso que contribuya a reordenar y precisar los
conceptos inherentes al término laicidad se remonta a varios años, como
consecuencia de la constatación de que el empleo aproximado y a menudo
engañoso de esta palabra, impedía a
los ciudadanos comprender plenamente cual era la apuesta
de una serie de leyes y disposiciones emitidas
por los gobiernos. Más recientemente, la presentación del anteproyecto
de Constitución europea – con artículos que legitiman los sistemas de
concordato de Iglesias y Estado y reconocen a
las Iglesias un papel institucional en el proceso democrático europeo –
nos ha impulsado a organizar ese congreso durante el curso del semestre de
la presidencia italiana del Consejo de la UE. Si
embargo, el objeto de esta iniciativa va más allá de la actualidad.
Para algunos, y en particular para los que pertenecen a un país dónde la
Iglesia Católica interfiere intensamente en las
instituciones, se entiende por laicidad solamente la separación entre el
Estado y las Iglesias; - para otros – es decir, para los que vienen de
países en los que tal separación es una realidad, aunque pueda
perfeccionarse, la laicidad
va mucho mas allá del orden institucional y representa un ideal a
defender. El intercambio de experiencias entre delegados de varios países
europeos, que son miembros de la UE, candidatos a la ampliación, o (como
Noruega y Albania) ni miembros ni candidatos, a constituido una aportación
útil para la reflexión La
primera jornada del congreso, dedicada a las relaciones entre Estados e
iglesias, se ha iniciado con las exposiciones de carácter histórico y teórico
de Mario Alighiero Manacorda y de Piero Bellini, seguidas por Giuseppe Ugo
Rescigno que se ha detenido sobre el aspecto jurídico del anteproyecto de
Constitución europea, y por Georges Liénard que ha analizado el artículo
51 y las consecuencias que tendría sobre la laicidad de las
instituciones. Fue solicitado a dos filósofos, el francés Henry
Pena-Ruiz y el británico Anthony Grayling, profundizar el concepto de
laicidad, respectivamente desde el punto de vista ideal y desde el punto
de vista de la cohesión social. Los participantes del programa han insistido
sobre las diferentes
situaciones nacionales: Giorgio
Bassi por Italia, Adam Cioch por Polonia, Dora Pfister por Alemania,
Florian Balhysa por Albania de tradición laica.
La mañana del domingo, dedicada a las
experiencias laicas en curso en Europa, ha permitido escuchar a Franca
Eckert Coen representando al Alcalde del Ayuntamiento de Roma y los
delegados belgas Luc de Vuyst y Marie-Ange Cornet sobre la evolución del
movimiento laico-humanista y sobre sus conquistas, igualmente a escala
institucional. Nicolas Pomiès ha explicado como en Francia, el Foro
Social también considera indispensable unir la lucha por la laicidad a
las luchas sociales, y Valeria Ajovalasit, presidenta de Archidona, ha
confirmado que igualmente esta tendencia comienza a encaminarse en Italia.
Giorgio Villella ha informado sobre la resistencia laica en nuestro país. Refiriéndonos
a los trabajos del congreso, hemos preferido recoger las reflexiones de
los participantes sobre los principales temas tratados, antes que
presentar una síntesis de cada intervención. Debido a la urgencia del
tema, se recoge sin embargo, casi en su totalidad la intervención de
Georges Liénard sobre el artículo 51 del anteproyecto de Constitución
europea, cuya resolución –nosotros lo
tomamos con alivio al tiempo que nos ponemos en guardia– se ha devuelto
debido al fracaso de la Conferencia Intergubernamental.. “¡Esto
vuelve a empezar!. Nos encontramos en una situación en la que se niega la
importancia de las referencias morales y culturales entre las personas, dónde
no se distingue la religión del poder de
la religiosidad de las conciencias”. Con estas palabras Mario
Alighiero Manacorda comenzó su discurso inaugural. Las
raíces cristianas. La Historia de
Europa es la historia de la resistencia a la violencia del cristianismo y
del catolicismo como religiones de poder. No son ciertamente los golpes,
las cruzadas y las fechorías de la confusión teológico-política quienes han producido la Europa de las Luces y los Derechos
del Hombre. Los grandes valores que ha fundado el derecho, son debidos a
la lucha contra 15 siglos de civilización judeo-cristiana. Unir los
valores a un origen espiritual particular significa menospreciar a los
otros y querer dividir a las personas. Cuando un ideal lleva consigo la
emancipación de todos los hombres, se libera de su origen histórico y
asume una universalidad que vale para Europa y para el mundo entero, y
debemos invitar a los ciudadanos a unirse sobre
los valores indivisibles de libertad, igualdad y fraternidad. Por
otra parte una constitución no es un libro de historia, es un documento
que establece algo para todos los
ciudadanos, y como consecuencia toda palabra que allí se encuentra se
convierta automáticamente en el fundamento posible de una regla:
hablar de las raíces cristianas de la Unión Europea significa dar
un fundamento constitucional a las pretensiones de los que, en nombre de
tales raíces, quieren introducir igualmente en el ámbito de la Unión,
poderes, privilegios e inmunidad para las confesiones cristianas. En
segundo lugar, de la misma forma que en las constituciones de Estado la
tutela específica de la libertad religiosa no sirve para proteger la
religiosidad del individuo sino para el poder, el privilegio y la
inmunidad de ciertas confesiones religiosas, igualmente en el ámbito de
la Unión, esa referencia innecesaria a la libertad religiosa podrá
servir mañana, o quizá ya hoy, para justificar la concesión de poderes
o privilegios particulares, o de inmunidad a algunas o incluso a todas las
confesiones religiosas. Las
religiones. La Iglesia aliada con el
poder es el adversario de la coexistencia pacífica entre los pueblos. La
historia nos demuestra que todas las religiones han intentado imponerse
por la fuerza, porque también toda religión representa una amenaza para
los otros ya que ninguna está libre de integrismos. El concepto de dios y
del mundo decidido por el clérigo, encierra a sus adeptos en un gueto y
también mete en un gueto a los que están excluidos. Las
instituciones religiosas han buscado siempre acrecentar su influencia y
obtener fondos públicos y
privilegios, que, en el curso del tiempo, llegan a ser violaciones de los
principios fundamentales de los Derechos del Hombre establecidos por
nuestras constituciones. Un concordato entre el Estado y la Iglesia no es
otra cosa que una larga lista de obligaciones unilaterales del Estado sin
ninguna contrapartida, que abre la puerta a exigencias siempre nuevas,
tales como (en Italia) la presencia de crucifijos en lugares públicos,
que no está prevista en el concordato. La existencia de un sistema de
acuerdos con diversas religiones significa que un país es
pluriconfesional y no que es laico, desde el momento que excluye, y por
tanto somete a discriminación, a las personas que están libres de
cualquier confesión o que pertenecen a confesiones no reconocidas por el
Estado. Bajo la influencia de las religiones, los ateos y los agnósticos
han sido definidos solamente por un prefijo privativo o una negación: es
la mejor forma de negarles la posibilidad de comunicar sus valores. La
libertad de religión. Tanto en el
lenguaje común como en el de los juristas, las leyes y actos
administrativos que otorgan poderes e inmunidades a las instituciones
religiosas se venden bajo el nombre de << libertad >>,
palabra y concepto noble e inatacable, de manera que se confunde su sentido. El resultado es una evidente asimetría
querida y organizada por las autoridades públicas, entre confesiones
religiosas por un lado y ateos o no religiosos por otro, mientras que el
concepto de libertad religiosa que nosotros defendemos forma parte de la
protección de la vida social y común, de todos con todos. La libertad
religiosa está plenamente protegida por las otras libertades, en
particular por las de conciencia, expresión, asociación, porque está
incluida en ellas, a la luz del principio de igualdad. Si esas libertades
están protegidas de forma adecuada, de la misma forma estará protegida
la libertad religiosa. Mencionarla a parte, como lo hace el
ante–proyecto de Constitución europea, constituye un privilegio y como
consecuencia una discriminación para los que están excluidos. La
laicidad, es la posibilidad de vivir
juntos para personas libres de manifestar sus ideas sin imponerlas con la
ayuda del poder constituido. Es la tolerancia y la curiosidad hacia los
otros, el rechazo del dogmatismo y también de la vetusta oposición
conceptual entre “verdad” y “error”. Es el respeto a las
convicciones personales de cada uno, que corresponde al deseo ardiente del
hombre de investigar las razones supremas de su propio ser. Es la libertad
de cada uno y de todos en todas partes.. En la esfera pública, es decir,
fuera de su propia casa y de su iglesia, las personas deben poder
encontrarse sin etiqueta religiosa o ideológica, porque entonces entran
inevitablemente en competición, con la tentación de conquistar otros espíritus
y otros corazones. La laicidad no entra en conflicto con la religión
entendida como religiosidad individual,
sino con la religión del poder. La repulsa hacia la alianza entre
conciencia y poder existe entre personas religiosas que rechazan el tráfico
ilícito entre autoridad política y religión. Nuestro concepto del mundo
y de la vida debe ser libre y facultativo. Ni las religiones, ni el
humanismo ateo deben ser obligatorios ni estar prohibidos. En todos los
aspectos, en la sociedad se debe respirar el aliento de la amistad y de la
concordia entre todos los seres vivos. La
escuela. La escuela puede hacer poca
cosa si la sociedad no es libertaria, pluricéntrica, democrática. Es
deber de la escuela laica educar en la universalidad, en las relaciones y
en el conocimiento, en la preparación cultural, en el saber ser uno mismo
y capaz de vivir en el mundo real. La libertad de aprendizaje no se
identifica totalmente con la posibilidad de elegir, por parte de las
familias, la escuela que corresponde mejor con sus propios prejuicios
ideológicos y culturales, perpetuando y consolidando así, las
identidades que han sido ya impuestas a los niños en los primeros años
de su vida. La libertad del estudiante debe ser protegida también frente
a tales pretensiones familiares, permitiéndole encontrar perspectivas
culturales diferentes en un medio que favorezca la comparación; y una tal
libertad, realmente no está garantizada por
el pluralismo de las escuelas confesionales u orientadas ideológicamente,
sino por el pluralismo en el seno de una escuela pública y laica. Los niños
deben aprender el valor de la igualdad en la escuela, en su primer
contacto con las instituciones públicas, y
por consiguiente gozar de los mismos derechos. Deben saber que los
conocimientos son universales, pero las creencias son individuales y que
la religión y el ateismo pertenecen a la esfera privada. Los cursos de
religión en la escuela pública constituyen un déficit de laicidad
porque la petición de su derogación por parte de ateos y agnósticos
significa que la religión es la norma y que la no-religión es una
supresión de la norma. Esto acostumbra a los niños a considerar legítimas
las discriminaciones. La
escuela debe formar la libertad de conciencia y la autonomía de juicio no
menos que la búsqueda de la coherencia entre pensamiento y acción. La
tendencia a la especialización que existe en los colegios constituye una pérdida enorme de cultura y aumenta las divisiones entre
las personas. Los
principios fundamentales de la laicidad en una Europa unida.
Cuando un pueblo se constituye como comunidad política de derecho, como res
publica, y decide escoger la laicidad, debe plantearse tres
cuestiones:. a)
¿Es legítimo que un grupo imponga sus valores a los otros grupos?. No,
la conciencia humana debe ser libre. La libertad religiosa es solamente un
caso particular de la libertad de conciencia y los textos jurídicos deben
definir todo el término de la forma más amplia posible. Es el primer
gran principio de la laicidad. b)
Es legítimo que un grupo goce de privilegios que los demás no tienen?.
No. Ya en 1789 la revolución francesa estableció que los hombres nacen y
son iguales y libres. La igualdad y la libertad no son negociables, los
poderes públicos no pueden ni concederlos ni negarlos. Son valores intrínsecos
a la dignidad humana. La igualdad ante la ley es el segundo principio de
la laicidad. c)
La ley es común a todos. ¿Puede prever ventajas para unos y no para
otros?. No. La razón de ser de la ley y su única finalidad es el interés
general y el bien de todos. La ley es productora universal. Es el tercer
gran principio de la laicidad. Los
regímenes de Iglesias de Estado y de concordato existen en Europa
contradiciendo la igualdad de los ciudadanos y son, por consiguiente,
contrarios a la laicidad. Como esto ha ocurrido en el caso del
materialismo histórico erigido en régimen oficial del Estado, o en la
Polonia de hoy, que impone la oración en las escuelas públicas. Pero la
opresión secular del ateismo y del agnosticismo por las Iglesias no
significa que para ser laico sea preciso invertir el dominante y el
dominado, es decir tomar el lugar de la iglesia. El
ideal laico es grande y hermoso porque acoge a todos los hombres en el
mismo plano de paridad y suprime el principio de
dominación ejercido en nombre de una elección espiritual. Tiende a
eliminar toda dominación del hombre sobre el hombre, y es por
consiguiente universal. La esfera pública no debe ser pluriconfesional,
sino rigurosamente aconfesional. De otra forma la unión no se realiza mas
que entre algunos y no entre todos y la unidad no puede constituir la
negación de la diversidad. La laicidad es el lugar común a todos los
hombres mas allá de sus diferencias y no solamente un mosaico de
diferencias. Las diferencias no son negadas, sino afirmadas con la
moderación y la contención que permiten a las otras diferencias emerger
y ser visibles. Esto, consecuentemente no constituye una nivelación, sino
el aprendizaje de vivir esas diferencias en la universalidad y la unidad
de la humanidad. El mensaje de la laicidad es la liberación de los
hombres de la sujeción a una ideología o a una convicción particular.
Es un mensaje de libertad y de universalidad que rehúsa toda hipótesis
religiosa, todo privilegio en nombre de una elección espiritual y que se
distancia de todo grupo integrista o mensaje partidario. ¿Qué enmascara el artículo 51 del proyecto de Constitución europea?. La cuestión fundamental que plantea el artículo 51 no concierne a la religión sino a la laicidad, debido a que este artículo plantea una forma de funcionamiento de la democracia de la Unión europea que restablece la colisión entre el Estado y la Iglesia semejante a la del Antiguo Régimen. El artículo 51 forma parte del título VI: << La vida democrática de la Unión >>, y también del artículo 46, titulado <<Principio de la democracia participativa >> que establece que << Las instituciones de la UE mantienen un diálogo abierto, transparente y regular con las asociaciones representativas de la sociedad civil >> lo que significa que dichas asociaciones pueden expresar sus opiniones al Parlamento europeo, al Consejo de ministros, a la Comisión. Por lo tanto, e insistiendo sobre su pertenencia a la sociedad civil, las jerarquías eclesiásticas no entienden bien que están incluidas en el artículo 46 y, como consecuencia de una movilización desenfrenada, han logrado que se introduzca en el proyecto del tratado constitucional europeo lo que el tratado de Ámsterdam había relegado a un anexo como declaración adjunta. Veamos las implicaciones de este artículo. En el 51.1, La UE afirma que no tiene nada que decir en cuanto a las relaciones que los Estados miembros tienen con las iglesias. Pero entonces ¿qué ocurre cuando la UE promulga una norma – adoptada seguidamente por el Parlamento y por el Consejo de la Unión europea que los Estados está obligados a incluir en su legislación cuando estas normas conciernen a las iglesias?. La respuesta está incluida. Tomemos el caso de la norma 5/65 sobre la no-discriminación en el empleo: las iglesias así como los grupos dirigidos por ellas, tales como los colegios y hospitales están exentos. Pues si, una situación como esta es probable, si el artículo 51 es adoptado, ningún texto de la UE podrá aplicarse a las iglesias ni a los organismos ligados a todas las actividades secundarias que ellas realizan. Ahora bien, vale la pena recordar que los diferentes sondeos realizados en la UE que se refieren a Polonia indican que solamente del 25 al 30% de la población declara pertenecer a una religión, lo que equivale a imponer la voluntad de la iglesia al 70–75% de los ciudadanos europeos. El artículo 51.3 compromete a la UE a mantener con las iglesias un << diálogo abierto, transparente y regular >>. Son las mismas palabras que califican el diálogo entre las instituciones europeas y las asociaciones representativas de la sociedad civil. ¿Porqué es preciso un artículo separado para las iglesias?. En un documento oficial de Junio de 2002 dirigido al GOPA (grupo de consejeros políticos del presidente de la Comisión) los obispos europeos indican que sentido atribuyen a la palabra diálogo y eso nos explica porqué las iglesias no han querido ser tratadas de igual forma que las demás asociaciones de la sociedad civil incluidas en el artículo 46. El documento precisa que las iglesias quieren estar asociadas a la fase pre-legislativa, ellas piden tener voz en el capítulo de la preparación de las leyes europeas sobre toda materia que les concierne y se reservan el derecho de orientarlas. También piden tener reuniones ocasionales de trabajo con el presidente de la Comisión personalmente, así como sesiones de trabajo regularmente sobre objetivos específicos. Y todavía piden abrir un despacho de enlace en el seno de los servicios de la Comisión con el fin de ejercer oficialmente su acción de lobby cerca del presidente de la Comisión, del Consejo de ministros y del Parlamento europeo con vistas a desarrollar un emparejamiento con la Comisión. No se trata pues, de un diálogo, sino de la pretensión de intervenir en los momentos esenciales del proceso democrático europeo: el de la elaboración de documentos y el de su adopción. Este tipo de diálogo se llama tutela de las iglesias y mantiene las desigualdades. Sobre este dossier, los gobiernos no se han movido, solo lo han hecho las asociaciones laicas. La Federación Humanista Europea ha decidido divulgar el documento de los obispos y ha tenido audiciones y conferencias de prensa en el Parlamento europeo junto a asociaciones de la sociedad civil que representan a millones de personas directamente lesionadas por la ingerencia de las iglesias en la vida personal (familia, divorcio, eutanasia, contracepción, igualdad de género, gays y lesbianas, profesores y también investigación bio-ética, bio-médica etc). Estando presentes también dos organizaciones católicas que agrupan en su entorno numerosas asociaciones de base que dicen: nosotros somos católicos, estamos en la iglesia, pero nos hemos hecho adultos y no necesitamos una iglesia que nos diga, por ejemplo, si debemos o no tener niños. Se trata de un cambio radical en el que las asociaciones laicas y humanistas deben tenerse en cuenta porque estos grupos, cada vez más numerosos, defienden los mismos principios que nosotros, y continúan siendo religiosos y católicos. Son una espina en el costado de las jerarquías católicas que no se han apercibido pero se apercibirán si el artículo 51 es aprobado. La campaña continúa. La Convención presidida por V. Giscard d’Estaing ha terminado sus trabajos, y la pelota pasa a las Conferencias intergubernamentales, es decir a los ministros nacionales. Pedimos a todas las asociaciones y a todas las personas que tienen la laicidad en el corazón, que escriban a su Jefe de Estado y de Gobierno así como a sus ministros para explicarles cual es el riesgo del artículo 51 y soliciten su retirada. Mientras que el gobierno francés que había solicitado la supresión del artículo 51 ha cambiado de opinión y ahora lo considera un buen compromiso, el gobierno belga ha pedido oficialmente su retirada. No nos crucemos de brazos y continuemos luchando. Defendamos nuestro ideal laico común con una ofensiva resuelta y una vigilancia constante, incesante, dura. Unámonos en una gran manifestación europea por la laicidad que parte de valores comunes a todos los seres humanos. Traducción de Carmen Echevarria.
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