LA COLABORACION DE LA IGLESIA DE POLONIA CON EL DIABLO
Milagros Riera
milagrosriera@hotmail.com
Vaya un espectáculo que nos ha dado el monseñor Stanislas Wielgus, impresionaba verle allí, en la catedral de San Juan, de Varsovia, tocado con su bonito sombrero de ceremonia, que viene directamente del antiguo Egipto, y cubierto de vestidos dorados, para mostrar, supongo, la humildad de la Iglesia, allí ante todos sus fieles reunidos para su entronización como arzobispo, creó la sorpresa, presentó en directo su dimisión, que no había consentido en presentar antes, se quitó su tocado e inclino la cabeza modestamente, sus partidarios gritaban y lloraban, otros daban muestras de satisfacción, fuera de la catedral hubo hasta palos entre sus partidarios y los que desde hacía tiempo pedían al Vaticano otro arzobispo más digno.
¿A que viene este especie de psicodrama tan bien orquestado os preguntareis?. Pues bien no hay más remedio que rendirse a la evidencia, sí, la Iglesia de Polonia ha colaborado con el diablo. El diablo naturalmente es el antiguo régimen comunista del país, durante años, hasta su desaparición, así fue calificado por los papas sucesivos, y más aun por el último que era de allí. Durante años las dulces monjitas nos hacían llorar contándonos las horribles persecuciones contra curas y demás personal eclesiástico que lanzaban los diabólicos comunistas, dignos hijos de satán, según ellas. Ahora resulta que un 10% del clero colaboraba de buena gana con las autoridades comunistas, hasta donde llegaba esa colaboración podrá saberse, si el Vaticano consiente en que se esclarezca, cosa dudosa. El Vaticano estuvo siempre al corriente de esta colaboración, nunca se inquietó por ello, eso les permitía tener manga ancha en el país, viajes y privilegios. Hace años que todo esto se sabía y que intentaba silenciarse, los nombres de tres colaboradores, jerarcas importantes eran conocidos de todos como también el de Stanislas Wielgius, a pesar de las protestas el papa decidió presentarle como arzobispo, según él gozaba de toda su confianza, como antes la tuvo de los comunistas. Hasta el último momento duró esta confianza del papa, seguramente inspirado por Dios, aunque más bien se la retiró a causa del jaleo que se estaba armando la cosa llegó hasta el altar, como hemos visto. Al jerarca supremo nada le importaban , ni siguen importando, los delitos de que se puedan hacer culpables los curas, lo que importa es que no se sepan, veanse los casos de pedofilia, el encono y las presiones que usan para ocultarlos, lo importante es eso, obtener el silencio de las víctimas, pagando o presionando, pero si se puede, se esconden.
Al parecer el señor Wielgus ha pedido disculpas, seguramente otros también lo harán, buena parte de la población polaca lo exige y lo espera, está bien, sus pecados serán perdonados, y aquí no ha pasado nada. A mí y a otros nos gustaría que la Iglesia pidiera perdón por otras colaboraciones con otros regímenes que llevaron a la muerte a millones de personas, los regímenes fascistas, los regímenes golpistas los dictadores de América del sur, esta colaboración nunca les preocupó, al contrario es un orgullo sus relaciones con el siniestro Franco, hoy día siguen oponiéndose a que una ley de memoria decente pueda contribuir a que desaparezcan las heridas que ellos contribuyeron a abrir, el acoso a Zapatero para pedirle silencio y dinero continúa, desde el púlpito se le señala como a nuevo anticristo al que se debe desobedecer.
Videla pudo conseguir y afianzar su dictadura con el dinero del Vaticano. Pinochet, hijo predilecto de la Iglesia ha sido honrado con grandiosos funerales sin importar para nada la sangre de los torturados, ni los cuerpos insepultos de los desaparecidos.
En Argentina se están juzgando algunos de los torturadores, sicarios del dictador Videla, los horrores que esta gente perpretó son indecibles, es mejor pensar que no son gente como nosotros, deben ser hijos del averno, ellos sí. Hay una historia que salió a la luz en uno de los juicios y que cuando la recuerdo me sume en una profunda tristeza. Uno de los que pudieron escapar de las garras de esos desalmados contaba que durante su detención encontró una mujer de edad, le contó que su familia estaba detenida, ella pudo escapar y se refugió en una iglesia, la que siempre había frecuentado. De nada le sirvió, el cura llamo a los policías y la entregó. Se la llevaron para interrogarla, él en la habitación de al lado esperaba su turno y la oía gemir bajo el suplicio “Padre, ¿que ha hecho?, ¿por qué me ha entregado a estos asesinos? Nunca mas la vio, murió seguramente torturada, espero que su muerte fuese rápida. Aquellos asesinos la torturaron, le quitaron la vida y la ingenua confianza que siempre tuvo en la Iglesia.
¡Que pidan perdón! Que pidan perdón, muchas voces se alzan
para pedirlo, perdón por la colaboración con los asesinos falangistas,
a los que les daban los nombres de las familias que debían exterminar,
perdón por colaborar en tanto asesinato durante la guerra civil española
y en la posguerra. Sí, que pidan perdón, pero aunque lo hicieran,
sería difícil concedérselo.