Tres artículos.
Náyade Urrero

 

1. La mujer en España sólo treinta años atrás... Los totalitarismos contra las libertades de la mujer (23 de junio de 2007)
2. Sectas destructivas. Aspectos generales
3. El Vaticano y la decencia






La mujer en España sólo treinta años atrás... Los totalitarismos contra las libertades de la mujer

Escalofríos me recorren el cuerpo cuando pienso la situación que las mujeres vivíamos en la España de sólo treinta años atrás.... Las mujeres de las generaciones precedentes, nuestras madres y abuelas estaban calladas por la represión de la dictadura, exiliadas en su dulce (..o no tanto) hogar por los machistas idearios conservadores de la época, humilladas por la estricta moral católica que las condenaba al ostracismo social y laboral, todo ello en nombre de la supuesta y acartonada “decencia” y la hipocresía burguesa que imperaba en esos años oscuros.

Escalofríos me recorren el alma cuando recuerdo que sólo treinta años atrás las mujeres no tenían entidad jurídica propia, que la patria potestad de los hijos era exclusiva del “cabeza de familia”, que no podían trabajar, ni viajar sin el permiso del marido, que no eran consideradas intelectualmente, y eran tratadas por las instituciones como “ciudadanos de tercera”, tanto a nivel laboral, como social y familiar; que no tenían más opciones “decentes” que dedicarse a “sus labores”, a la crianza de los hijos y a muy poco más...

Hace sólo veintiséis años, la Ley del 13 de mayo de 1.981 equiparaba jurídicamente, por primera vez tras la dictadura, al marido y la mujer en el matrimonio, tanto en el régimen económico como en la titularidad de la patria potestad de los hijos. Es decir, aún en 1.980, la mujer se encontraba en evidente inferioridad de condiciones con respecto a su cónyuge en todo lo relativo a la vida familiar.

En derecho penal, por poner otro ejemplo muy gráfico, mediante Ley 22/1978 del 26 de mayo, se derogaban los artículos 449 y 452 del Código Penal relativos al adulterio. Antes de hacerse efectiva esta ley, el adulterio femenino era delito penal, castigado con pena de cárcel, aun habiéndose producido una sola vez. Incomprensiblemente ( para mentalidades no totalitarias, por supuesto), el adulterio masculino no tenía, a su vez, pena alguna, aun siendo cometido en reiteradas ocasiones.....Tanto despropósito ocurría hace sólo unos pocos años, aunque parezca que hayan transcurrido siglos.

No se trata de machismo, como algunos pueden pensar, sino de fanatismo y de totalitarismo. Las religiones, entre ellas el catolicismo, tienden a reprimir las libertades y a constreñir a los individuos a unos modelos estrictos y rígidos según sus angostos moldes ideológicos. En realidad esos modelos son más utópicos que prácticos y realistas porque tienden a reprimir nuestra humanidad; y nuestra humanidad es variopinta, diversa y múltiple. La espiritualidad no tiene porqué negar nuestra humanidad, ni hacernos buscar una supuesta perfección que a lo que nos lleva es a alejarnos de la verdad, a someternos y a negar nuestra condición real. Me viene a la mente “Doña Perfecta” de Galdós, quien quiso expresar a finales del XIX, las terribles consecuencias que puede ocasionar el seguir unos criterios sociales y religiosos rígidos, opresores y oprimentes.

Defiendo la libertad de confesión, defiendo el laicismo, y soy absolutamente contraria a cualquier fundamentalismo religioso, sea del signo que sea. Todos los fanatismos atacan las libertades fundamentales, niegan el respeto a los que opinan distinto, discriminan a los diferentes, arrastran a las sociedades hacia la intolerancia y el despotismo. Realmente laicismo no significa negación de la espiritualidad...quizás, más bien lo contrario. Significa no aceptar que las religiones se inmiscuyan en los asuntos de Estado, significa relegar a las religiones a su ámbito propio y competente. La espiritualidad es algo propio de nuestros ámbitos privados, personales y no puede ni debe monopolizarse por ninguna organización que la utilice para fines políticos, económicos y de poder.

Todas las creencias, confesiones e ideologías son respetables si respetan los derechos humanos fundamentales. Por desgracia, el catolicismo, al igual que cualquier otra religión institucionalizada, a fuerza de defender su ideario, cae fácilmente en el fanatismo y en la vulneración de los derechos de aquéllos que no siguen sus preceptos. No hay más que echar un somero vistazo a la historia para demostrar lo que afirmo...muertes, intolerancias, guerras, etc.etc....y, por no irnos muy lejos, no hay más que ver la guerra que la Iglesia y sus acólitos han declarado a la asignatura Educación para la Ciudadanía, que lo único que pretende es educar a los niños en los valores democráticos de tolerancia y respeto a la diversidad en el contexto de los derechos humanos fundamentales.

Gandhi dijo que religión no es lo mismo que espiritualidad, y dijo también que Dios no milita en ninguna religión. Me parecen frases magistrales porque aluden a la espiritualidad verdadera, que es algo personal e intrínseco a todos los seres humanos, de todas las razas, culturas o creencias. Considero que las personas verdaderamente espirituales no se fanatizan defendiendo ninguna creencia concreta, y respetan fraternalmente a todos, absolutamente a todos los seres humanos, aceptando las similitudes y las diferencias. Quizás Dios sea más fácil de encontrar en ese tipo de actitudes que en cualquier sermón que no ayude al entendimiento, a la tolerancia y a la fraternidad verdadera. En casi todas las religiones, quizás especialmente en la católica y en la islamista, la mujer es una de las grandes víctimas de sus dogmas e imposiciones. Tradicionalmente el sexo femenino ha sido objeto de represión y sometimiento por parte de las religiones. Los burkas árabes no son muy distintos de los velos que nuestras abuelas llevaban en la cabeza cubriendo el pelo. Aún recuerdo, cuando era niña, a las mujeres con el velo al entrar en las iglesias, o a aquellas mujeres de negro eterno que abundaban en los pueblos españoles, para las que vestirse de color era atentar contra la decencia y la moral....Así habían sido educadas....

En definitiva, cualquier ideario religioso es respetable. Pero cualquier fundamentalismo religioso es un peligro real para las libertades fundamentales y por supuesto un atentado contra los derechos básicos de los ciudadanos y especialmente, quizás, de la mujer, blanco predilecto de los dardos envenenados de los fanatismos, probablemente porque el universo femenino está ligado a lo creativo, lo afectivo, lo intuitivo, y estos valores son contrarios a los idearios totalitarios.

Gracias a nuestra joven democracia, la situación ha cambiado mucho en estos treinta años. La mujer ha dejado de ser un ciudadano de tercera y ha avanzado mucho en el camino de liberación de antiguos y perversos lastres.....; escalofríos me recorren el alma si imagino que perdemos tantas cosas conseguidas desde aquel año en que la represión política y religiosa quedó en el pasado.

Las mujeres no podemos ni debemos olvidar que hace tan sólo treinta años vivíamos sometidas a la intolerancia. . No podemos ni debemos olvidar que sólo gracias a la lucha de hombres y mujeres liberales y progresistas hemos ido logrando salir de las tinieblas del sometimiento y de la sumisión, y recuperando unos derechos que nunca nos tenían que haber sido arrebatados...

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SECTAS DESTRUCTIVAS. ASPECTOS GENERALES


“Una mentira repetida cientos de veces acaba convirtiéndose en una verdad para el sujeto expuesto a ella”.

En 1978 el Parlamento Europeo daba la voz de alarma sobre el problema de las sectas destructivas en Europa, e instaba a los gobiernos europeos a tomar medidas urgentes y concretas que previnieran la entrada masiva que se estaba produciendo en Europa de grupos sectarios provenientes la mayoría de Sudamérica y EE.UU.
En España el tema en la actualidad es muy preocupante. Son muchas las sectas destructivas que campean impunemente y a sus anchas por el territorio español, y muchos los miles de ciudadanos y de familias enteras víctimas y afectados por este grave problema, aunque desconocido para la gran mayoría de los ciudadanos. Y todo ello, a pesar de que el Art. 515 del Código Penal, desde la última reforma, tipifica como delito penal el empleo de técnicas de manipulación de la personalidad (o lavado de cerebro), aún siendo empleadas con fines positivos (lo cual raramente se produce).
A nivel efectivo, en cambio, es muy poco o nada lo que las instituciones han hecho en estos años. El artículo del Código Penal mencionado se sitúa únicamente en el plano teórico.La impunidad de los grupos sectarios, que vulneran multitud de leyes de todos los códigos penales y civiles imaginables, es, a día de hoy, absoluta en España.

Para concretar el tema, desconocido para la mayoría, conviene definir lo que es una secta destructiva (o grupo totalitario): secta destructiva es toda aquella organización en la que se utilizan técnicas de control mental (o de manipulación de la personalidad, o lavado de cerebro) para conseguir los fines perseguidos, que siempre son dinero y/o poder; y son técnicas que acaban dañando a nivel social, familiar, laboral y mental, a veces de manera irreversible, al adepto que es manipulado. La siguiente pregunta sería ¿y cuáles son esas técnicas a las que se llama de lavado de cerebro?; como el tema es bastante extenso y complejo, trataré de resumirlo diciendo que son todas aquellas técnicas psico-sociales encaminadas a manipular las creencias, y, por consiguiente, el comportamiento de los individuos, reprogramándoles mentalmente para que actúen según las conveniencias del sujeto o grupo manipulador.
Para el ciudadano de a pié, las técnicas de lavado de cerebro son algo esotérico, subjetivo, “cosas raras” que ocurren muy poco y a muy pocos. Nada más lejos de la realidad. El lavado de cerebro es un proceso muy técnico y preciso, de manual, y es un proceso que ocurre mucho más de lo que la mayoría puede imaginar. Nuestro país está plagado de organizaciones que utilizan estas técnicas para conseguir sus fines: sectas comerciales o piramidales, grupos terapéuticos, supuestas ONGS, partidos políticos, asociaciones religiosas, e incluso empresas que empiezan a utilizar estas técnicas al constatar que se reducen los costes y se multiplican los beneficios.

La mente humana es mucho más frágil y manipulable de lo que solemos creer. Empleando unas sencillas técnicas de manera simultánea y continua en el tiempo durante al menos cuatro semanas (adoctrinamiento, repetición hasta la saciedad de frases o slogan, hipermotivación, exaltación emocional, anulación del entorno, fanatización, anulación de la racionalidad, etc), un porcentaje considerable de personas acaba haciendo y pensando lo que los “programadores” quieren que hagan y que piensen; según el tiempo empleado y la intensidad de las técnicas, el porcentaje variará. Con una intensidad “media”, el porcentaje de individuos, expuestos a uno de estos grupos de manipulación, que se convertirán en adeptos del mismo oscila entre el 10-20%.
Desde los medios de comunicación e incluso desde las propias instituciones, se ofrecen datos bastante incorrectos y alejados de la realidad que contribuyen a la desinformación general sobre este tema. Casi todos tenemos una idea muy parcial y limitada sobre las sectas. Se nos viene a la mente gente extraña, vestidos con largas túnicas y las cabezas rapadas o largas barbas....Craso error!...la mayor parte de los grupos sectarios se componen de personas “normales”, con vestimentas corrientes y que son irreconocibles por la calle; de hecho, probablemente las sectas destructivas más peligrosas son organizaciones cuyos miembros van con traje y corbata, maletín en mano, y en apariencia se podrían definir como profesionales actuales, de cualquier empresa o asociación de cualquier tipo. A priori, su actividad principal es el proselitismo, es decir, la captación de adeptos para engrosar el grupo. Los modos de hacerlos son muy variados; en general, reuniones en hotel, templos, conferencias, etc.etc. En general, y muy “grosso modo”, cuando alguien nos prometa de manera enfática y repetitiva la felicidad, el éxito financiero, la vida eterna, pertenecer a cualquier grupo de “elegidos”, o cualquier otra cosa relacionada con “trascender” y triunfar, y, a la vez, nos invite a participar en cualquier acto, conferencia o reunión de su organización, existen muchas probabilidades de que estemos ante un adepto a una secta realizando su actividad principal: captar adeptos. Muchos hoteles en las grandes ciudades de nuestro país acogen reuniones en sus salas de algunos de estos grupos
No hay que olvidar que el término secta se refiere a un grupo coyuntural que agrupa a individuos con algún interés común. Y “secta destructiva” sería el término más apropiado para referirse a estos grupos peligrosos; los especialistas en la materia prefieren otros términos, como “grupos de manipulación” o “grupos totalitarios”. Sea cual sea el término que se emplee, hay que tener claro que la simple asociación de individuos con intereses comunes es algo válido y hasta defendible. Y repito el dato relevante en este asunto: el peligro está en el empleo de técnicas de control de la personalidad, o de lavado de cerebro. Es por eso que se utiliza el adjetivo “destructiva”, porque se alude a la destrucción de la personalidad que los grupos de manipulación llevan a cabo con las víctimas que caen en sus garras.
Una característica muy importante en el tema del lavado de cerebro es que la víctima (o adepto) va siendo reprogramado sutil y paulatinamente. No va a ser consciente de lo que le está ocurriendo, simplemente, poco a poco, va a ir cambiando sus creencias, sus esquemas mentales y hasta sus hábitos de vida. La psicología está en la base de todo este proceso; los psicólogos saben muy bien que el inconsciente es la “máquina” principal de nuestro comportamiento, y saben que las ideas que se acaban instalando en el subconsciente son las que constituyen nuestras creencias y nuestro ideario. Por tanto, el lavado de cerebro, dicho de otro modo, sería el proceso por el que, a través de la repetición de ideas, doctrinas y hábitos de pensamiento, éstos se instalan en el subconsciente determinando nuestro programa mental. Si a esta reprogramación (que sería el adoctrinamiento ideológico) le sumamos otros métodos como presión psicológica, anulación de otras fuentes de información, control del entorno, sometimiento a una estructura rígida, jerárquica y piramidal, negación de cualquier otro ideario, chantaje emocional, técnicas de premio-castigo, etc.etc., acaban consiguiendo que personas independientes e inteligentes acaben siendo en muy poco tiempo como “borregos” que siguen “al rebaño” sin ningún tipo de objeción.
De todos estos conocimientos se valen los gurús, los líderes de sectas destructivas y las cúpulas de las organizaciones sectarias para manipular a los grupos que pretenden dominar. Y lo más triste de todo es que lo consiguen. Las técnicas de lavado de cerebro son muy efectivas. En cuestiones de Estado, empezaron a utilizarse en la 2ª guerra mundial para conseguir mayor efectividad en los soldados que luchaban en las contiendas....
Es un dato conocido y contrastado que el libro de cabecera de Hitler era “La manipulación de las masas” de Gustav Le Bon. No es difícil llegar a la conclusión de que este liberticida empleó diversas técnicas sectarias para manipular a todo un país...y, de hecho, consiguió que millones de personas defendieran su causa, una causa monstruosa que costó la vida a muchos miles de seres humanos, y todo ello, habiendo convencido a casi toda una nación de que lo que se hacía era “por el bien” de la nación.
De este dato se deriva una de las cosas que más llama inicialmente la atención a los que estudiamos el mundo de las sectas, y también es lo que nos hace finalmente distinguirlas con claridad. Cualquier idea defendida desde la racionalidad, permite observar la idea y su correlato con la realidad; los adeptos a cualquier ideario sectario, expresan ideas de manera fanática que defienden a ultranza aunque se les esté demostrando lo contrario con hechos, realidades y pruebas; es decir, su ideario es irracional e ilógico; y es así porque han sido manipulados desde la afectividad. Es por ello que personas muy inteligentes a nivel intelectual, tras haber sufrido un adoctrinamiento sectario, pueden mostrar un ideario irracional, absurdo e infantil. Por ejemplo, adeptos a sectas destructivas de tipo comercial, pueden estar años dedicándose a engrosar las arcas de la secta convencidos de que acabarán ganando mucho dinero, y la realidad es que acaban casi todos en la ruina económica, sin trabajo y habiendo perdido todo tipo de apoyo familiar, social, familiar, etc. Es tremenda la experiencia de hablar con una persona programada mentalmente, en la ruina económica y personal, y observar su convencimiento absoluto de la supuesta excelencia de la organización que defiende a ultranza; de hecho vive por y para la organización, y aunque su mente racional vislumbre la realidad, el adoctrinamiento sectario no le permite que la razón se superponga a su sectarismo. Dicho de otro modo, acaban convirtiéndose en “esclavos” voluntarios cuya mente sólo les permite ver lo que sus adoctrinadores quieren que vean. Les roban todo, les esclavizan, les destruyen literalmente a todos los niveles y ellos creen que están sirviendo a la mejor de las organziaciones....
Estos aparentes despropósitos encierran una patología seria de por medio. Los individuos sometidos a un adoctrinamiento sectario intenso durante un tiempo determinado, acaban sufriendo una patología mental que, en términos psiquiátricos, se denomina síndrome disociativo atípico, cuyo síntoma más evidente es la interposición de dos personalidades, la previa al sectarismo y la personalidad que la secta le ha creado, que es dependiente, infantil, inmadura, manipulable e irracional.
La exposición, por otro lado, a estas técnicas degenera en un corto plazo de tiempo en un problema de adicción, que suele llamarse sectaadicción (catalogada como una de las socioadicciones más comunes). El adepto, durante su contacto con la secta se habitúa a depender de sus superiores, a no tomar decisiones, a relegar cualquier responsabilidad en la secta, a que los demás le organicen su vida, decidan sus creencias y, además, que le hipermotiven continuamente. Esto explica que la mayor parte de los individuos manipulados tengan verdadero pavor a enfrentarse al mundo solos, que se vuelvan adictos a la secta, a la inicial o a cualquier otra; y explica que este problema sea, además de un grave problema social, un claro problema de salud pública.
Se trata, en definitiva, de una esclavitud psicológica inducida para beneficio de grupos u organizaciones que no tienen escrúpulos a la hora de destrozar a personas, familias y, a veces, sociedades enteras para lograr sus fines. El argentino experto en sectas Alfredo Silletta denomina a estas personas “los nuevos esclavos”, y, efectivamente, se trata de una esclavitud menos evidente, pero igual o más efectiva que la esclavitud física.

Considero la manipulación de la personalidad (lavado de cerebro, manipulación mental, reprogramación mental, etc., llámese como se prefiera) lo peor que se le puede hacer a un ser humano. La muerte física no es lo más deleznable (que, por supuesto, lo es) que un ser humano puede infringirle a otro. Hay algo peor que acabar con el cuerpo de alguien: acabar con su alma, con su voluntad, con su objetividad, con su libertad más profunda para utilizarle vilmente y explotarle. Y esto es precisamente lo que muchos grupos, organizaciones e individuos en la actualidad están haciendo con otros. El lavado de cerebro es algo que se está haciendo en la actualidad de manera indiscriminada. Es algo que está en la calle, en la escuela, en la política, en la religión...no nos es ajeno, aunque nadie nos haya contado de qué va. Es un tema tabú, porque muchas organizaciones poderosas tienen en ello mucho interés. Es un peligro serio para los jóvenes, para la sociedad entera.
Y la mejor manera de prevenirlo e intentar erradicarlo es la información, el conocimiento de que la manipulación de la mente es algo que existe, que se utiliza para explotar a individuos, a sociedades y naciones enteras....No se trata de asustar, sino de prevenir y , sobre todo, de informar. El desconocimiento es el mejor caldo de cultivo para la manipulación, y el conocimiento en los tiempos que vivimos ya no es sólo un derecho, es una obligación.
La verdadera libertad no es algo que sólo tenga que ver, con los aspectos cotidianos de la vida. La verdadera libertad está en el librepensamiento, en la capacidad de crítica y de análisis, en la capacidad de poner en tela de juicio y pasar por el tamiz de la propia razón y los propios criterios cualquier afirmación, idea o doctrina que se nos quiera imponer. Esa libertad profunda es la base y la esencia de lo mejor de la condición humana. Sin esa libertad nos exponemos a ser adoctrinados, a ser manipulados, y a vivir la vida que otros quieren que vivamos, a renunciar a lo que de verdad somos en post de intereses ajenos.
Hace casi 2.500 años el Oráculo de Delfos tenía como base de la sabiduría el lema : “Conócete a ti mismo”, y el poeta Píndaro decía: “Llega a ser quien de verdad eres”...
Y, como siempre, mi admirado Antonio Machado, quien escribió estos sencillos pero profundos versos:
“Tu verdad, no. ¡¡La verdad!!
...Y ven conmigo a buscarla...,
la tuya, guárdatela.”

Para más información sobre el tema:

Libros:
"Las sectas entre nosotros" y "El terrible poder de las sectas" Thaler y Lalich
“Adicción a sectas” Pepe Rodríguez
“Sectas, cuando el paraíso es el infierno” Alfredo Silletta
“Cómo combatir el control mental de las sectas” Steeve Hassan
"Las sectas" y "Segunda venida" Pilar Salarrullana
"Sectas. La amenaza en la sombra" Antonio Luis Moyano

Webs:
http://www.sectas.org/
http://www.galeon.hispavista/investigacionsectas/
http://www.ais-info.org/grupos/index.html
http://www.pepe-rodriguez.com/Sectas/Sectas_menu.htm
http://www.sindioses.org/sociedad/sectasenfoquedif.html
http://www.sindioses.org/sociedad/activismoespana.html
http://www.sindioses.org/sociedad/sectaspeligro.html

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EL VATICANO Y LA DECENCIA


Hay una falsa modestia que es vanidad; una falsa gloria que es ligereza; una falsa grandeza que es pequeñez; una falsa virtud que es hipocresía; una falsa santidad que es vileza. (La Bruyère)

En mis vacaciones de agosto este año he viajado a Roma, la ciudad eterna. Quería saborear el olor milenario de sus monumentos , las tonalidades ocres de sus calles, la alegría perenne de los italianos, el placer de sentir ese “far niente” estival que impregna cada rincón de la ciudad.
A pesar de que cada día estoy más alejada de las verdades reveladas y basadas en la irracionalidad, no dudé en dedicar una tarde a visitar el Vaticano, no sin cierto recelo por el rechazo que me produce cualquier organización que contemple la represión, la imposición y el liberticidio dentro de su ideario. El contemplar las obras de Rafael y Miguel Angel en la Capilla Sixtina fueron el aliciente que impulsó finalmente mi visita.

Tras esperar más de media hora la cola de visitantes y turistas después de haber pasado por el control inicial del escáner, ví a lo lejos un hombre rígido, con cara tensa y mirada perdida que en un segundo control iba dejando pasar a unos y echando para atrás, en un espacio vallado aparte, a otros. Según me iba acercando a este segundo control iba viendo cómo algunos y algunas increpaban a este hombre encorbatado (a pesar de los casi cuarenta grados a la sombra), y mostraban su indignación, algunos de manera acalorada. Ya cerca de él, sólo con cuatro o cinco personas delante de mí, descubrí lo que ocurría en ese segundo control de acceso al inmenso y ostentoso recinto “sacro”. Pude ver una especie de panel con unos dibujos y unas palabras en inglés que marcaban cómo se podía acceder y cómo no, según la vestimenta que se llevara puesta. Obvia decir que el acceso estaba prohibido a los que no llevaran pantalón o falda larga y llevaran los brazos al descubierto.

En pleno mes de agosto, a las cuatro de la tarde y con un calor bochornoso, lógicamente pocos eran los que iban vestidos de invierno. La mayoría éramos turistas e íbamos vestidos para sobrellevar los tremendos calores de agosto. Sólo los afortunados que iban en grupos organizados y ya prevenidos de esta norma, no tenían problema de acceso.

En el momento de cruzar este trasnochado control, el hombre rígido y surrealista me dió el alto con una mano mientras señalaba el absurdo panel informativo con la otra. Yo le pregunté el porqué de lo que yo considero un despropósito puesto que mi pantalón corto a media pierna y mi blusa de tirantes no es un atuendo ni muchísimo menos indecente como para impedirme acceder dignamente al templo cristiano; el hombre de cara monolítica y mirada perdida ni siquiera me miró, ni mucho menos articuló palabra y se limitó a marcarme con su mano el recinto de las “indecentes”, y digo “las” porque en ese pequeño vallado la mayoría eran mujeres. Insistí una vez más preguntándole la causa de que un simple atuendo femenino veraniego fuera incompatible con el hecho de entrar en un recinto religioso público (tuve muy en cuenta que el Vaticano se financia con dinero público de muchos países del mundo, entre ellos España, es decir, dinero de los ciudadanos a los que ese señor estaba impidiendo el paso).

Como mi insistencia no obtuvo respuesta a la vista del inmóvil semblante de este personaje que Valle-Inclán no hubiera dudado en definir como esperpéntico, me dirigí al espacio de los “rechazados” llena de indignación y con la sensación de haber retrocedido varios siglos en el tiempo. Allí permanecimos un rato absortas en nuestro asombro mujeres de distintas nacionalidades, que nos mirábamos cómplices y perplejas, y nos sonreíamos las unas a las otras como para apoyarnos en el despropósito que estábamos viviendo. Intercambié algunas palabras con una mujer inglesa de mediana edad que me decía que no entendía lo que ocurría; también hablé un rato con una chica peruana cuyo “pecado” era llevar blusa con tirantes y no tapar sus brazos; como llevaba pantalón largo le sugerí que comprara un pañuelo en la tienda de al lado (dentro del recinto del Vaticano y, por supuesto, de su propiedad) y se cubriera los hombros, como veíamos que hacían algunas, para intentar pasar si es que tenía interés en ello. Me contestó algo que yo misma estaba sintiendo; me dijo que ya no le interesaba entrar en el macro-templo católico porque se había sentido insultada y humillada como mujer y como ser humano.

Tenía razón; los minutos que permanecí en ese insultante apartado los dediqué a observar cómo había mujeres que, en su insistencia por entrar aun a costa de tapar “su indignidad”, convertían pañuelos en faldas o blusas. Otras se bajaban las faldas en lo posible o se ponían camisetas de los maridos para esconder “decentemente” su cuerpo.

La verdad es que estábamos siendo testigos y, a la vez, objeto de una ridícula discriminación más propia de zotes retrógrados y tiranos que de ciudadanos del siglo XXI, discriminación que nos hacía sentir avergonzadas, en mi caso no por lo que ellos pretendían (por llevar mis brazos desnudos), sino por constatar in situ la estupidez, el sinsentido y el alejamiento de la verdadera espiritualidad de la Iglesia Católica.
Lo que a simple vista no es más que una mera anécdota puede considerarse como un símil que refleja la verdad de las religiones y los fundamentalismos.

Tras la escena ,que en apariencia era de una comicidad surrealista y que visto desde afuera pudiera parecer un gag de una película de Fellini, se esconde, sin embargo, algo muy serio. ¿Qué tiene de indecente o pecaminoso el cuerpo humano, especialmente el femenino? ¿Porqué las religiones se han propuesto a lo largo de la historia hacer creer que lo natural es indigno y lo bello es pecado? ¿..es que el dios con el que compran nuestra voluntad reniega de su propia creación? ¿Porqué el catolicismo insiste en hacernos sentir a las mujeres como indecentes si no cubrimos nuestro cuerpo? ...Y no se trata de situaciones fuera de lugar, ni siquiera de guardar ninguna norma social, cívica ni de buen gusto. Las mujeres a las que nos impidieron el paso éramos mujeres normales, vestidas en absoluto indecorosas y que no caíamos en estridencias de ningún tipo.

Aún en el vallado de las impropiamente vestidas, me vinieron a la mente las miles de mujeres sacrificadas por las religiones a lo largo de la historia, desde la científica y matemática Hipatia, lapidada en el siglo IV, a tantas y tantas otras que, por libres, por inteligentes, por no someterse a dogmas obsoletos y opresores, por libertarias, por cultas, por republicanas, por sabias o librepensantes han sido víctimas de la irracionalidad, la represión y el fanatismo religioso.

Y me vino, igualmente a la mente la palabra “decencia”, que en ningún modo es sinónimo de “hipocresía”, sino más bien de “dignidad”. Y es decente quien es honesto y es indecente quien impone unas normas hacia fuera que incumple desde dentro. ..Y me pregunto..¿Es decente impedir el paso a quien no tapa su cuerpo y protege, sin embargo, a pederastas? ¿Es decente preconizar unas normas de vida rígidas, intolerantes y radicales a la vez que atemorizar con la idea de pecado y castigo eterno, mientras se apoyan dictaduras y se cometen genocidios?, ¿Es decente inducir a la discriminación y al rechazo de los que piensan o sienten diferente?, ¿Es decente hablar hipócritamente de amor al prójimo mientras no se respetan los derechos humanos fundamentales y se practica el más exacerbado sectarismo?, ¿Es decente exigir la humildad en los adeptos cuando se es poseedor de la mayor fortuna del planeta?, ¿Es decente utilizar como “tapadera” la supuesta ayuda al tercer mundo cuando el tercer mundo ha sido saqueado, explotado y destruído, entre otros, por ellos?.

Hay mucho que investigar sobre el tema y mucho que reflexionar para liberarnos de tanta idea siniestra que nos han impuesto con calzador para adoctrinarnos desde la más tierna infancia. Como dijo Gandhi, religión y espiritualidad son conceptos muy dispares, y cada día me convenzo más de que el laicismo no sólo es deseable, sino necesario.

Publicado en www.edicionessimbioticas.info el 28-08-2007