Una defensa de los obispos españoles
Juan Antonio Aguilera Mochón (*)
En los últimos días, varias declaraciones de algunos obispos españoles han suscitado una indignación inusitada. Me parece evidente que tienen todo el derecho a hacerlas, y, que, por otra parte, son muy coherentes con la doctrina católica.
Lo que me sorprende es que la indignación se ciña a esas manifestaciones episcopales esporádicas de carácter integrista. Me sorprende porque me parece evidente que la propia Iglesia católica es una organización integrista que ataca gravemente los derechos humanos, que discrimina radicalmente a las mujeres, que está detrás de extraordinarios sufrimientos y de múltiples crímenes con su política anti-condón y otras aberraciones, que posee uno de los Estados menos democráticos del planeta, incapaz de suscribir muchas de las convenciones de la ONU en defensa de los derechos humanos…
¿Se imaginan que intentara inscribirse en España una asociación
de esas características? ¡Estoy seguro de que no sería legalizada!
Entonces, amigos, no malgasten su indignación en las declaraciones esperpénticas
de los obispos, y mucho menos las tachen de opuestas a la doctrina de la Iglesia,
pues la siguen de manera seria. Extiendan y aumenten su indignación hacia
el escándalo de que en un país democrático exista un Concordato
y unos Acuerdos indecentes con esa Iglesia, de que se la esté financiando
generosísimamente, de que los cargos públicos, empezando por el
Rey y acabando por muchos alcaldes y algunos rectores, asistan a sus ceremonias
e incluso las convoquen... Pero quizás el peor escándalo, lo más
indignante, es que esa organización se encargue de educar niños,
que tenga una asignatura en los colegios públicos costeada con dinero
público, que tenga sus propios colegios para adoctrinar sin cortapisas
y que, en el colmo de los colmos, el Estado los financie. Indígnense
con estas cosas realmente graves y también con un partido, el PSOE, que
en lo esencial de estos asuntos (financiación, educación) ha prostituido
sus principios por conseguir el poder y mantenerse en él.
(*) Juan Antonio Aguilera Mochón. Granada.
Publicada en el diario Ideal, 13-1-08