¿Deben los padres bautizar a sus
hijos?
Pedro Turón
Padre y madre son y deben ser, en primera persona, los guardianes de la salud física y mental de la nueva criatura venida a este mundo. Padre y madre deben alimentar correctamente a la criatura, cuidar de su aseo y deben, además, cuidar del sueño y reposo, protegerla de los peligros que vivir en sociedad comporta, deben dedicarle tiempo para el juego, enseñarle a hablar y comunicarse, a conocer y a convivir con los demás etc. y a medida que crece llevarla a la escuela.
El estado tiene que garantizar unos servicios expresados en la Constitución,
servicios médicos, de guarderías, de escuelas etc.
La escuela en un estado laico, debe garantizar la educación y formación en base a lo que todos en la sociedad estamos de acuerdo, y abstenerse de enseñar sobre lo que aun hoy es motivo de discusión.
Pero el bautismo, el adoctrinamiento precoz
por parte de los padres, o con su consentimiento, a sus hijos, es un acto que
vicia e impide al menor para que en su mayoría de edad, decida si desea
esa religión, otra, o ninguna. Es por tanto una falta grave de sus padres,
el no haber sabido defender y preservar al menor, el derecho al debate que enfrenta
y divide a los adultos en religiones, partidos etc. El adoctrinamiento precoz
es cercenar los derechos del menor y aunque la intención sea de buena
fe, no exime de culpa.
Cabe preguntarse, ¿porque tanta prisa en bautizar a las criaturas?
Existe, hay garantía total de poder ingresar en la religión católica,
u otra, mas adelante y bajo su propia responsabilidad, tal y como exigen las
reglas democráticas. Por tanto, las prisas solo justifican cumplir con
un deseo personal y egoísta de los padres. Es cumplir de forma irracional
con la tradición aun vigente en los sectores más rústicos
de la sociedad, con el Nacional Catolicismo y la dictadura.
Algunos responden a la pregunta diciendo:
- Que en caso de muerte del menor, el alma pasaría a estar eternamente
penando, en no se sabe bien que infierno.- Justo, este es el tema sobre el que
las personas discutimos sin ponernos de acuerdo, y sobre el que la criatura
en cuestión, todavía no ha podido tomar parte en el debate. Por
tanto, absténganse los padres de incrementar las filas de una u otra
creencia con actitudes más bien cobardes, en nombre de tradiciones de
autoridad.
El argumento de que a los adolescente hay que bautizarlos nada mas nacer para
así limpiarlos del pecado original, no pasa de ser un ardid engañoso
de los católicos, con el cual se reservan un puesto de reclutamiento
en la sala de partos de los hospitales, ante la feroz competencia entre religiones.
Otros responden, - cuando sea mayor y tenga uso de razón también
puede salirse, puede apostatar. -
Bautizar a un menor es el primero de los pasos para el adoctrinamiento, seguido
de la comunión, confirmación etc., pudiendo llegar al fanatismo
y ofrecernos el penoso espectáculo de la semana santa, de ser costaleros
de tal o cual cofradía religiosa, o de autolesionarse arrastrando cruces,
cadenas o caminando de rodillas etc.. En otras religiones, como en la islámica,
el fanatismo les lleva a las personas a ser suicidas, bombas humanas.
Hay tradiciones de autoridad en ciertos países, en la que el padre decide con quien ha de casarse sus hijos. En otros, los padres consienten en la ablación del clítoris a las niñas en edad adolescente. En otros países y culturas a las niñas adolescentes se les alarga el cuello con aros, desformando el cuello de tal forma que sin ellos no podrían sujetar la cabeza. En otros países la tradición manda colocar un plato en el labio inferior de la boca, cuando no en los dos labios, desformado y a largándolos. No es este el caso, pero conviene saber que los menores tienen una única edad de adolescencia, de crecer, de aprender correctamente.
Sabemos los adultos que a los menores se les puede enseñar en un determinado ambiente a caminar de rodillas y esta será su forma natural de caminar. En otro ambiente hacer caminar a los menores a cuatro patas y esta será su forma natural de caminar. En otro hacerles comer y beber como los animales y esta será su forma natural de comportamiento.
Una vez superada la adolescencia, entonces,
le decimos que el, ellos, tienen derecho a comer en la mesa con plato y cubierto
y si lo desea también a caminar con las dos piernas y calzar zapatos.
Cualquiera puede pensar en los problemas que esto supondría para ellos,
más el dolor gratuito con secuelas para toda la vida. Afrontar ese cambio
sin el apoyo de los padres, mas bien en contra de la voluntad de ellos y de
otros seres queridos en los que él, ellos, siempre se habían sentido
amparados, es un precio a pagar para rescatar su libertad. Un precio innecesario
de haber tenido unos padres respetuosos con sus derechos. Hacer uso de la libertad
garantizada por la Constitución y los Derechos humanos y apostatar de
la religión impuesta, es alcanzar la salud mental, y merece la pena.
Los adultos debemos cambiar las tradiciones de autoridad en mandamientos de
conciencia.
Dicho esto parece que la cosa queda ahí y que no implica males mayores.
Sin embargo la Iglesia es parte del problema de los partidos de izquierdas, de los movimientos progresistas que estudian, arriesgan y proponen alternativas a los desastres del viejo sistema capitalista, en una lucha desigual por un mundo más justo, sobre todo en Europa. El tema da para mucho si se quiere profundizar en ello, yo me limito a marcar ligeramente la contradicción a la que nos hemos acostumbrado y de la que muy pocos hablan, esto es: Si miramos a Europa en estas últimas décadas observamos como la izquierda (socialistas, laboristas, comunistas, verdes...), se alternan con la derecha, en mayor o menor grado según que país, en los gobiernos. Los resultados globales son muy exiguos, y por otro lado, cada vez más, la izquierda pierde terreno. Véase, Portugal, Grecia, España, Francia, Alemania, Inglaterra y no digamos Italia. En parte, el problema es la Iglesia que combate de forma eficaz la política de izquierdas, esta Iglesia politizada dispone de mejores estructuras, tiene más medios y más dinero. Esta Iglesia es financiada también por los que votan a la Izquierda, manifestando con su voto que desean un mundo mejor, pero que solo le da eso, un voto cada vez que hay elecciones, pero que económicamente a quien sostiene año tras año, es al partido contrario, ¿a la Iglesia politizada?, no olvidemos que la iglesia en general y dependiendo de unos países a otros en el tema de los impuestos, recibe las ayudas de los gobiernos en base al numero de bautizados (afiliados).
Esta contradicción raya en lo inverosímil
si observamos que los afiliados a los partidos de izquierdas, hombres y mujeres
que pagan su cuota al partido, que realizan trabajos voluntarios y son garantes
de esa política, también son, en buena medida, afiliados a la
iglesia y por un ¿seguimiento irracional?, sostenedores económicos
de ella. La doble militancia no se discute en los partidos políticos,
cuesta mucho trabajo erradicar las tradiciones autoritarias, pero es una necesidad
urgente, el laicismo debe ser una cultura viva, activa en el día a día,
de lo contrario el laicismo estará en peligro.
Zürich, mayo del 2008. Pedro Turón