Confesión con carácter estatal
1. Confesión con carácter estatal.
Francisco Delgado
2. El gran club improbable de las aspas y la cruz. Juan
J. Gómez
(Ambos artículos extraidos del diario El
público)
[ El diario "El
Público" nos da las cuentas del dinero que el actual gobierno
de los socialistas regala a manos llenas a la jerarquía de los católicos.No
les ha afectado la crisis, parece, y sólo en el dinerillo de mano, la
calderilla, vamos, que les entrega en virtud de los extraños acuerdos
del 0,7, este año dispondrán de 30 millones de euros más...
Y eso, insistimos, es sólo la propina final.
Ante semejante dislate hacen falta análisis críticos, como el
de Francisco Delgado. Pero el absurdo y la injusticia es tal que no es de extrañar
que otros recurran a la ironía para hacer patente lo irreal de la situación,
como Juan J. Gómez]
Confesión con carácter
estatal
(En
el diario El Público)
Mientras el Estado atraviesa un fuerte déficit y gran parte de la sociedad lo está pasando muy mal, la Iglesia católica vive en la opulencia, ya que el Estado les financia generosamente. Este hecho parte de una concepción histórica del Estado confesional, que considera a la religión católica la única verdadera y obligatoria. Con los Acuerdos de 1976 y 1979, esta confesión se garantiza la financiación pactada en décadas anteriores, pero existe un compromiso tácito para lograr, a corto plazo, la financiación propia.
Hasta hace un año, el culto y su misión eclesiástica se financiaba con el 0,52% del IRPF de aquellos que marcan la cruz en la asignación a la Iglesia, aunque esta partida sale del bolsillo común. Como no era suficiente, el Parlamento ratificaba, año tras año, una suculenta derrama de forma ilegítima. Con el paso de los años, la Iglesia no sólo no ha querido autofinanciarse, sino que, de nuevo, el Gobierno, muy generoso, ha subido su financiación por esta vía hasta el 0,7%. Por si esto es poco, Hacienda les exime del pago del IBI y otros impuestos.
El Estado destina cientos de millones de euros para pagar a quienes imparten religión en las escuelas públicas y financia las escuelas católicas con miles de millones. También paga a los capellanes en hospitales, prisiones y cuarteles y abona cantidades muy cuantiosas por la conservación de monumentos y obras de arte que son patrimonio de la Iglesia. Por otra parte, algunas administraciones públicas, comunidades autónomas y ayuntamientos, financian instituciones eclesiales dedicadas a la beneficencia en las que se adoctrina y se hace proselitismo. Además, se les cede suelo público para sus templos y locales, etc, etc...
Otra cuestión, no menos trascendente, es saber qué hace la Iglesia con sus tierras, inmuebles, fondos de inversión, acciones y otros activos. ¿A qué dedica los réditos de su inmenso patrimonio? Ilegítimamente, sus cuentas están exentas de control público.
La libertad religiosa no es un derecho fundamental, como algunos pretenden. Sí lo es la libertad de pensamiento, de conciencia, de religión, de creencias, de convicciones, con contenidos religiosos, no religiosos o eclécticos. Y si este derecho universal, que comprende todas las posibles opciones de conciencia, sin exclusión alguna, debe ser sostenido por el Estado, es algo reclamable con todas sus consecuencias y para todo tipo de opciones. Pero en nuestra opinión las diferentes opciones y, por supuesto, la "el culto, la misión y la obra" de la Iglesia católica se ha de autofinanciar. Ninguna confesión tendrá carácter estatal.
Francisco Delgado, Presidente de Europa Laica y ex diputado.
29/11/2008
El gran club improbable de las aspas y la cruz
(En
el diario El Público)
Cierta noche conocí a un tipejo, borracho como una uva, que me contó
un plan disparatado, aunque divertido, con el que aseguraba haber estado a punto
de hacerse de oro. Sostenía que lo había registrado en el Archivo
Nacional del Ánimo de Lucro más conocido por su ilustrativo acrónimo.
Aquel proyecto consistía en crear un gran club que facilitase a todo
el mundo, fuera miembro de él o no, completas instrucciones sobre qué
pensar siempre y qué no hacer nunca.
A cambio de esa generosa contribución, los gestores de la idea recibirían del Estado una simbólica compensación de unos 5.000 millones de euros anuales. Los socios podrían además ahorrarse unos 200 millones en impuestos que engrosarían las arcas del club, a cambio de marcar un aspa en su declaración. Para asegurar una buena cosecha de aspas, la organización se reservaría un lugar en los colegios, no fueran estos a limitarse a formar ciudadanos.
Las bases de aquel improbable círculo parecían suicidas para el siglo XXI. Eran, por así decirlo, poco complacientes con los homosexuales sin vergüenzas, los divorciados pobres, los científicos descreídos, los viciosos envidiables, los consumidores de látex y hasta con los que se levantaran tarde. Todo así. Las mujeres, por ejemplo, nunca podrían asumir responsabilidades en su compleja estructura de mando y, si entraban en la organización, vestirían un burka sin rejilla.
Qué disparate todo, ¿verdad? A quién se le puede ocurrir una cosa tan ridícula en estos tiempos de progreso social. La cruz del borrachuzo era, en cambio, otra. Su propuesta había sido rechazada no por machista, homófoba, sectaria, antidemocrática o, simplemente, histérica, sino porque, según se había podido comprobar, existía ya un invento casi calcado al suyo desde hacía nada menos que 2.000 años. Por supuesto, no me creí nada, pero pasé un rato muy divertido.
Juan J. Gómez.
29/11/2008