El laicismo llegará para quedarse, pero
aún queda camino
Isabelo Herreros
EL DIGITAL DE CASTILLA LAMANCHA- 06-06-2009
Con motivo de la noticia de la fiesta, o ceremonia
laica, oficiada en Madrid por el dirigente socialista y concejal Pedro
Zerolo, para acoger como ciudadano a un hijo de la actriz y periodista
Cayetana Guillén Cuervo, se han producido comentarios
de todo tipo en diversos medios de comunicación, y en especial en tertulias
televisivas y radiofónicas. Al ser un hecho novedoso es natural que exista
cierto desconocimiento acerca de esta nueva practica social, pero ello no justifica
que, más allá de mostrar acuerdo, desacuerdo o rechazo, se realicen
afirmaciones que no son ajustadas a la verdad y que crean desinformación
en las gentes. Recomiendo, sin retranca y con la mejor voluntad, viajar un poco,
y comprobar cómo, en países como Holanda, existen estas ceremonias,
muy entrañables, y presididas por las autoridades locales.
A todo un catedrático de sociología, más conocido como
tertuliano en los últimos años que como docente, escuchamos decir
que el término laico es propiedad de la Iglesia católica y que
su uso no corresponde más que a esta institución. Cansado de rebatir
esta aseveración tengo que decir que es más bien al contrario,
pues cualquier manual o diccionario de la lengua española, sin ir más
lejos el muy documentado de María Moliner, nos dice
que laico-a es "no eclesiástico". "Se aplica especialmente
a la enseñanza en que se prescinde de la instrucción religiosa".
Referido al término laicismo, nos dice el mismo manual que es "Ausencia
de influencia religiosa o eclesiástica en alguna institución;
particularmente, en el Estado". Cuestión distinta es que la Iglesia
católica utilice el término laico para referirse a sus feligreses,
es especial a aquellos que realizan ciertas labores de apostolado sin vestir
hábitos, en la acepción derivada del latín laicus,
es decir lego, palabra que también tiene otras acepciones, como ignorante,
y también se llama así al monje que no tiene opción a las
órdenes sagradas y por tanto sus funciones tienen más que ver
con la labranza del huerto o con la recogida de limosnas.
Hechas estas precisiones, quiero decir que España es el único
país confesional, y no exagero, de la Unión Europea, y por tanto
aún no se ha completado la secularización, con todas las consecuencias,
del Registro Civil, y de ahí que sea noticia una ceremonia, aún
sin valor legal, de acogimiento en la sociedad de un ciudadano. Si acudimos
a los libros de Historia del siglo XIX español nos encontramos con que
en la última guerra carlista, la que va de 1872 a 1876, uno de los objetivos
de los sublevados era la destrucción, no solo legal, si no en el fuego,
de los registros civiles, creados durante el llamado sexenio revolucionario.
La Iglesia católica nunca ha querido renunciar a tutelar también
las tres secciones del Registro Civil, léase nacimientos, bodas y defunciones,
por este orden; incluso, con las reformas de la transición, se retrocedió,
-tras los acuerdos con el Vaticano- en lo relativo a la presencia de un funcionario
del Registro en el lugar de la boda; en la actualidad no se produce, bastando
la comunicación del clérigo oficiante. Es por ello razonable,
al no existir una única ceremonia civil para todos, como ocurre en los
países con Estado laico, que una ciudadana gitana, -caso reciente- reclame
una pensión de viudedad invocando que se casó por el rito calé.
Acerca de estos asuntos de las ceremonias civiles, alejadas de las confesiones
religiosas, tiene sobrada documentación la pujante asociación
Europa Laica, cuyo presidente nacional es nuestro paisano Francisco Delgado,
diputado que fue de las Cortes de 1977 por la circunscripción de Albacete.
Muy tímida parece, en su exposición de motivos por el ministro
de Justicia, Francisco Caamaño, la reforma de la Ley
de Libertad Religiosa, pues parece que se limitará a la recomendación
de la retirada de símbolos religiosos de los centros oficiales, sin que
se vaya a producir la extinción del impuesto o "diezmo" que
pagamos a la presunta religión mayoritaria, calculado de forma moderada
en unos 3.800 millones de euros, recibidos de distintas instituciones del Estado
central o de los gobiernos autonómicos, diputaciones y ayuntamientos,
sin contar otras cuantiosas aportaciones realizadas por las Cajas de Ahorros
a través de diversos convenios o del pago de restauración de catedrales.
El gobierno de Rodríguez Zapatero, muy valiente en apariencia
en asuntos como la reforma de la Ley del Aborto o los derechos de los homosexuales,
no parece que vaya a mover un ápice en la dirección de la separación
Iglesia-Estado, pues entiende por libertad religiosa la subvención de
las demás confesiones para así no tener voces críticas
por su claro trato de favor con la Iglesia de Roma.
Puesto que no dediqué en su momento un artículo a la memoria de
Mario Benedetti, vaya en su homenaje unas menciones al Estado
laico de Uruguay, asunto del que presumía y se sentía orgulloso,
por ser junto con Francia, uno de los primeros países en sacudirse la
influencia religiosa. En apretado resumen citaré, por orden cronológico,
los pasos dados por tan culto país hace más de cien años
y que no han tenido vuelta a atrás. Se inició el proceso en 1861,
tras un enfrentamiento Gobierno-Iglesia, originado por el enterramiento de un
masón en Campo Santo, con protesta virulenta del Vicario Apostólico;
el asunto se saldó con un Decreto de Secularización de Cementerios.
Otro avance, - (En España aún estamos ahí)-, fue, en 1877,
un Decreto-Ley de Educación que permitía en las escuelas públicas
la posibilidad de que los niños de padres no creyentes o profesantes
de otras religiones no asistieran a clases de religión. Finalmente, en
1909, ahora hace cien años, fue suprimida la enseñanza religiosa
en las escuelas públicas. Mientras tanto se había legislado en
materia de Registro Civil(1879) y la Ley de Matrimonio Civil obligatorio es
de 1885. Otras normas, como la prohibición de imágenes religiosas
en recintos públicos, la Ley de Divorcio, o la existencia de una sola
formula de promesa del cargo para ediles, ministros y parlamentarios fueron
aprobadas recién empezado el siglo XX .Finalmente, será en 1918,
mediante reforma constitucional, cuando se produzca la definitiva separación
Iglesia-Estado; poco después sería también modificada la
denominación de las fiestas laborales, desapareciendo cualquier mención
religiosa.
En fin, eso es un Estado laico, que, como puede colegirse, dista mucho de nuestro
estado de la cuestión.
Isabelo Herreros (Socio de la Asociación Europa Laica)