La consecución de los Estados aconfesionales ha
sido un logro histórico de las sociedades occidentales que ha permitido avanzar en el
progreso civil, científico y democrático de los pueblos. Existen en el momento actual
suficientes evidencias del aislamiento y retroceso en las libertades civiles y en el
progreso en aquellos países que no han implantado una separación real entre el Estado y
las distintas confesiones religiosas.
España, en la senda abierta por la tradición
europea moderna, incorporó como base de la organización del Estado y del marco de
convivencia entre todos los españoles, el carácter aconfesional del Estado recogido en
nuestra Carta Magna. Ese momento supuso una ruptura con la anterior situación de
identificación entre Iglesia Católica y Estado, que sumergió al país en una época de
atraso y oscurantismo.
En las ponencias y debates de este Encuentro, se ha
constatado que la situación actual no permite hablar de una aconfesionalidad real del
Estado Español. Se percibe un retroceso en la misma como consecuencia de la presencia de
la Iglesia Católica en los órganos y estructuras del Estado y su cada vez mayor
participación en los procesos de toma de decisiones.
El deterioro del marco aconfesional del Estado es de
tal gravedad que se ha convertido en habitual la presencia dominante de la Iglesia
Católica en la estructura administrativa del Estado, conculcando derechos esenciales,
especialmente en los ámbitos educativo, jurídico, sanitario...; y relegando a la
marginalidad a quienes reclaman desde la sociedad civil el cumplimiento de los principios
generales que sustenta la Constitución Española. De persistir esta tendencia
involucionista, se corre el riesgo de ralentizar e incluso detener el avance hacia mayores
niveles de progreso social, moral y de convivencia. El carácter reduccionista y
unilateral de los principios confesionales amenazan la pluralidad intelectual y ética de
las sociedades laicas, caracterizadas por el mestizaje, la multiculturalidad, la
integración y la apertura.
Reivindicamos el fortalecimiento de un Estado laico
cuyos valores sean la libertad de conciencia, la igualdad entre los ciudadanos, al margen
de sus convicciones religiosas, y la autonomía de juicio, cultivada gracias a una escuela
pública y laica, depositaria de la cultura universal. La práctica religiosa ha de ser
libre pero circunscrita al estricto ámbito privado.
Por todo lo cual pedimos de modo inmediato:
1º La ruptura de los actuales acuerdos entre la
Iglesia Católica y el Estado Español de 1976 y 1979.
2º El cese de la financiación estatal a cualquier
institución religiosa.
3º La eliminación de la asignatura de religión
como enseñanza curricular.
4º Que ningún cargo público se sume a
manifestaciones religiosas en el ejercicio de sus funciones.
5º Eliminar cualquier tipo de adoctrinamiento
religioso de la infancia en el ámbito escolar.
Motril, septiembre de 2001