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La negociación del Gobierno con la Iglesia católica para
resolver la financiación de esta última entra mañana en su
fase decisiva. Por primera vez, un político de alto nivel, el
secretario de Estado de Hacienda, Carlos Ocaña, recibirá a los
representantes de la Conferencia Episcopal -probablemente
liderados por Juan Antonio Martínez Camino- para tratar la
propuesta que la Iglesia puso encima de la mesa en mayo, que
reclamaba aumentar del 0,5239 al 0,8 del porcentaje sobre el
IRPF destinado a la financiación. El Gobierno quiere negociar
esa cifra a la baja. El Gobierno trabaja con un objetivo
claro: la autofinanciación de la Iglesia. En los últimos años,
la paulatina reducción del porcentaje de ciudadanos que
rellena la casilla de la Iglesia en su declaración de la renta
ha provocado que el Ejecutivo haya tenido que dar un plus vía
presupuestos de alrededor de 30 millones de euros anuales.
Este adelanto, que nunca ha sido devuelto por la Conferencia
Episcopal, ha supuesto un conflicto incluso dentro del Grupo
Socialista. Algunos de sus miembros están totalmente en
contra, hasta el punto de que siete diputados, liderados por
Álvaro Cuesta, rompieron en 2005 la disciplina de voto para
oponerse a esa partida.
La Iglesia y el Gobierno están de acuerdo en que hay que
cambiar el sistema porque los adelantos a cuenta se han vuelto
muy impopulares. De hecho, la propuesta que tiene el Gobierno
encima de la mesa los elimina por completo.
La Iglesia entregó en mayo un documento, que según fuentes
de la Conferencia Episcopal está realizado con todo tipo de
cálculos detallados, en el que deja clara su propuesta: subir
del 0,5239 al 0,8 el porcentaje de la recaudación del IRPF de
los ciudadanos que rellenan la casilla correspondiente que
acaba en manos de los obispos para pagar los sueldos de los
curas y monjas y mantener la institución en marcha. En
realidad esta es una pequeña parte de todo el dinero público
que controla la iglesia -educación, hospitales, cooperación,
instituciones benéficas-, pero es lo que se está negociando,
ya que el resto no se pone en cuestión.
La Iglesia recuerda que el 0,8 es el porcentaje que
funciona en Italia. El Gobierno responderá mañana
oficialmente. Antes del verano hubo cuatro reuniones de
carácter técnico, y los contactos informales entre el
vicesecretario de asuntos económicos, Fernando Giménez, y la
directora general de Asuntos Religiosos, Mercedes Rico, son
frecuentes, pero la negociación real comienza con el
secretario de Estado. Las tratativas están directamente
relacionadas con la negociación de los Presupuestos.
Precisamente el mismo día que recibirá a los representantes
eclesiales, el secretario de Estado habrá comenzado las
reuniones con los grupos, en este caso ERC e IU-ICV. La
partida presupuestaria de la Iglesia, que el año pasado se
colocó en 144 millones de euros, es importante para cerrar las
cuentas generales.
En mayo, el vicepresidente económico, Pedro Solbes, señaló
a EL PAÍS que el 0,8% le parecía excesivo. El Gobierno se
propone ahora negociar a la baja esa cantidad. La Iglesia dice
que está abierta a cualquier otro tipo de fórmula, siempre que
satisfaga sus expectativas de ingresos. La cifra intermedia
del 0,7% ya ha sido puesta encima de la mesa pero no por la
Iglesia ni por el Gobierno, sino por ERC, que propone ese
guarismo para que las ONG, que reciben también ese 0,5239% de
quienes no quieren financiar a los obispos, reciban más
dinero.
La negociación se augura larga, puesto que hay plazo hasta
finales de año, cuando se cierran los Presupuestos, y en caso
extremo se podría incluso prorrogar un año más. El Ejecutivo
tiene mucho interés en llegar a un acuerdo. Desde la ruptura
total marcada por la gran manifestación promovida por la
Iglesia contra la Ley Orgánica de Educación, que sacó a la
calle a 400.000 personas contra el Gobierno, las relaciones
han ido mejorando, sobre todo porque el Ejecutivo las ha
mimado, especialmente la vicepresidenta primera, María Teresa
Fernández de la Vega. El Gobierno se ha cuidado mucho desde
entonces de no contrariar a los obispos, y de hecho la
negociación sobre la financiación se lleva con mucha cautela
desde el Ministerio de Economía y Hacienda precisamente para
evitar suspicacias.
Lo cierto es que la Iglesia está preocupada por la
disminución paulatina del porcentaje de ciudadanos que
rellenan la casilla del IRPF, aunque el aumento de los
ingresos fiscales ha compensado esa pérdida. El Gobierno
quiere un compromiso de que cualquier acuerdo alcanzado será
definitivo y no se modificará aunque siga bajando el
porcentaje año a año.
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