Más noticias del trabajo de LA ASOCIACIÓN CULTURAL ESCUELA LAICA DE VALLADOLID (ACEL) para logra LA RETIRADA DE LOS SÍMBOLOS RELIGIOSOS EN LOS CENTROS EDUCATIVOS.
Os envío un artículo
publicado en el Norte de Castilla. Tiene una primera parte de análisis
de lo que ha significado la sentencia del TSJ de Castilla y León y una
segunda parte de opinión.
Aunque respecto a la parte de opinión se puede estar más o menos
de acuerdo o en desacuerdo (como con cualquier opinión), quiero resaltar
que la primera parte del artículo, la referida a interpretar la sentencia
del TSJ, es la interpretación más ajustada a la realidad que se
ha hecho en la prensa, pues el resto de las noticias aparecidas, a excepción
de una noticia en la cadena SER, no hacían una valoración tan
exacta de la potencialidad que nos ofrece la sentencia, y por eso casi nadie
entendía la decisión tomada de solicitar el cumplimiento de la
sentencia, como hemos hecho.
Esperando que esté un poco más claro,
Un saludo,
Fernando Pastor
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El
Norte de Castilla.
Símbolos religiosos
09.10.07 - CARLOS BLANCO
LA vieja cuestión de si los símbolos religiosos deben, o no, mantenerse
en los colegios públicos es, a lo que parece, una patata demasiado caliente
para la Delegación Territorial de la Junta en Valladolid. Una reciente
sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León considera
que se hizo «abdicación de competencias» al no revisar lo
resuelto por la Dirección Provincial de Educación que, a su vez,
se había declarado incompetente para ordenar la retirada de crucifijos
del Colegio Macías Picavea. Todo vino a cuenta de la petición
de un padre de apartar los símbolos religiosos del centro, pretensión
que fue rechazada por el consejo escolar en votación secreta. El Tribunal
Superior recordó que una cosa es reconocer la autonomía de los
centros y otra que la Administración educativa no se responsabilice de
la revisión de las decisiones de los consejos escolares.
España es, en general, un país tolerante y respetuoso con todas
las confesiones religiosas, y también con las personas que no las tienen.
Por tanto, asuntos como este han de tratarse con absoluta normalidad, sin necesidad
de crear problemas donde no los hay. Con responsabilidad, y eso incluye el no
mirar hacia otro lado. En algunos colegios públicos se han retirado los
crucifijos. Y en otros no. Todos están en su derecho.
Los 'defensores del pueblo' emitieron sus dictámenes sobre esta cuestión
cuando fueron interpelados por padres y maestros. La resolución del Procurador
del Común de Castilla y León de que se retiraran los crucifijos:
«Si así lo solicitan los padres», estuvo en línea
con las del resto de las comunidades autónomas. También con la
del defensor andaluz, José Chamizo, que es un sacerdote. Nada extraordinario
por otra parte. La laicidad del Estado exige la omisión de referencias
o signos externos de adscripción religiosa en el espacio público.
La Constitución establece que el Estado no es confesional y, al mismo
tiempo, garantiza el derecho de los padres a elegir la educación que
quieren para sus hijos. La escuela debe educar en los valores fundamentales,
y situar la religión y los pensamientos ideológicos en la esfera
de lo familiar. Pero esto es mucho más fácil de formular en un
papel que de llevarlo a la práctica.
Las asociaciones que promueven en España la laicidad, con la Coordinadora
Laicista a la cabeza, se inspiran implícitamente en el modelo de la República
francesa. Su fundamento no radica en normas prohibitivas dirigidas contra las
manifestaciones confesionales en el espacio público, sino en una concepción
particular del fenómeno religioso. Es decir, la religión es un
asunto de conciencia que tiene en lo privado su ámbito de acción.
Y así es.
No obstante, en Francia, donde el sistema educativo público es perfectamente
laico, se están produciendo algunos conflictos religiosos en una escuela
donde crece la mezcla de razas y culturas. Se han ocasionado incidentes de gran
repercusión mediática ante el uso de velos y pañuelos (el
hiyab), por parte de alumnas musulmanas. En una escuela oficialmente pública,
laica y gratuita hay pocas dudas de que el velo sea una prenda neutral. Concurre
en Francia suficiente legislación sobre la materia, pero también
muchas incógnitas sobre su eficacia y hasta de su capacidad para hacerla
cumplir. Entonces ¿Qué puede hacerse?
También en España se han desatado incidentes parecidos, y el Gobierno
decidió en su momento no regular el uso de los símbolos religiosos
en las escuelas, como hizo Francia. Pero esto, que fue una decisión inteligente,
requiere por parte de todos un plus de flexibilidad, tolerancia y respeto. Probablemente
sería muy contraproducente caminar hacia una laicidad obligatoriamente
uniforme. Es mejor una laicidad templada y plural, porque se acerca más
a la realidad social. No es deseable, por tanto, una suerte de laicismo duro,
combativo, o incluso integrista, que lo hay. Por el contrario, es preferible
un laicismo tranquilo, sensato, que también haga suyos los principios
de la libertad de expresión. Que sea capaz de intermediar entre las distintas
religiones. De aligerarlas de su egocentrismo o excesivo proselitismo.
Las escuelas deberían servir para inculcar a los niños respeto
y tolerancia hacia las ideas de los otros. Un espacio neutral, común,
donde los pequeños aprendieran que no existen verdades absolutas, y que
únicamente el diálogo y la razón han de ser los instrumentos
que deben usarse para defender las ideas. Instruirles, en definitiva, en el
fundamento de la vida democrática. Que no es poco.